Preguntas de un Católico respondidas por un
Cristiano:
¿Podemos orar por los difuntos?
Queridos hermanos:
Les voy a contar un caso que me sucedió hace
algún tiempo. Un día se murió un amigo mío
que en cuanto a religión no era ni chicha ni
limonada, unas veces iba a misa y otras iba
al culto de los evangélicos. Cuando murió,
los evangélicos lo velaron con muchos cantos
y alabanzas, y al día siguiente lo llevaron
al cementerio. Como era amigo mío, quise ir
al cementerio a orar por él. Una vez allá,
le pregunté al pastor, si me dejaba hacerle
un responso, y me contestó: «El finado era
oveja de nuestro rebaño y nosotros no les
rezamos a los muertos porque a estas alturas
de nada le sirven las oraciones». Total que
no me permitieron rezarle el responso y tuve
que contentarme con orar en silencio.
Esta anécdota nos da pie para preguntarnos:
¿Podemos orar por los difuntos? ¿Les sirven
nuestras oraciones? ¿Cuál es la doctrina
católica y la evangélica al respecto?
La Doctrina católica
La Biblia nos dice que después de la muerte
viene el juicio: «Está establecido que los
hombres mueran una sola vez y luego viene el
juicio» (Hebr. 9, 27). Después de la muerte
viene el juicio particular donde «cada uno
recibe conforme a lo que hizo durante su
vida mortal» (2 Cor. 5, 10).
Al fin del mundo tendrá lugar el «juicio
universal» en el que Cristo vendrá en gloria
y majestad a juzgar a los pueblos y
naciones.
Es doctrina católica que en el juicio
particular se destina a cada persona a una
de estas tres opciones: Cielo, Purgatorio o
Infierno.
-Las personas que en vida hayan aceptado y
correspondido al ofrecimiento de salvación
que Dios nos hace y se hayan convertido a
El, y que al morir se encuentren libres de
todo pecado, se salvan. Es decir, van
directamente al Cielo, a reunirse con el
Señor y comienzan una vida de gozo
indescriptible «Bienaventurados los limpios
de corazón -dice Jesús- porque ellos verán a
Dios» (Mt. 5, 8).
-Quienes hayan rechazado el ofrecimiento de
salvación que Dios hace a todo mortal, o no
se convirtieron mientras su alma estaba en
el cuerpo, recibirán lo que ellos eligieron:
el Infierno, donde estarán separados de Dios
por toda la eternidad.
-Y finalmente, los que en vida hayan servido
al Señor pero que al morir no estén aún
plenamente purificados de sus pecados, irán
al Purgatorio. Allá Dios, en su misericordia
infinita, purificará sus almas y, una vez
limpios, podrán entrar en el Cielo, ya que
no es posible que nada manchado por el
pecado entre en la gloria: «Nada impuro
entrará en ella (en la Nueva Jerusalén)»
(Ap. 21, 27).
Aquí surge espontánea una pregunta cuya
respuesta es muy iluminadora: ¿Para qué
estamos en este mundo? Estamos en este mundo
para conocer, amar y servir a Dios y,
mediante esto, salvar nuestra alma. Dios nos
coloca en este mundo para que colaboremos
con El en la obra de la creación, siendo
cuidadores de este «jardín terrenal» y para
que cuidemos también de los hombres nuestros
hermanos, especialmente de aquellos que
quizás no han recibido tantos dones y
«talentos» como nosotros. Este es el fin de
la vida de cada hombre: Amar a Dios sobre
todas las cosas y salvar nuestra alma por
toda la eternidad.
¿Qué acontece, entonces, con los que mueren?
Ya lo dijimos: Los que mueren en gracia de
Dios se salvan. Van derechamente al cielo.
Los que rechazan a Dios como Creador y a
Jesús como Salvador durante esta vida y
mueren en pecado mortal se condenan. También
aquí la respuesta es clara y coincidente
entre católicos y evangélicos.
-Pero, ¿qué ocurre con los que mueren en
pecado venial o que no han satisfecho
plenamente por sus pecados? Ahí está la
diferencia entre católicos y evangélicos.
Los católicos creemos en el Purgatorio.
Según nuestra fe católica, el Purgatorio es
el lugar o estado por medio del cual, en
atención a los méritos de Cristo, se
purifican las almas de los que han muerto en
gracia de Dios, pero que aún no han
satisfecho plenamente por sus pecados. El
Purgatorio no es un estado definitivo sino
temporal. Y van allá sólo aquellos que al
morir no están plenamente purificados de las
impurezas del pecado, ya que en el cielo no
puede entrar nada que sea manchado o
pecaminoso.
Ahora bien, según los evangélicos no hay
Purgatorio porque no figura en la Biblia y
Cristo salva a todos, menos a los que se
condenan.
Para nosotros, los católicos hay Purgatorio
y en cuanto a su duración podemos decir que
después que venga Jesús por segunda vez y se
ponga fin a la historia de la humanidad, el
Purgatorio dejará de existir y sólo habrá
Cielo e Infierno.
Por consiguiente, según nuestra fe católica,
se pueden ofrecer oraciones, sacrificios y
Misas por los muertos, para que sus almas
sean purificadas de sus pecados y puedan
entrar cuanto antes a la gloria a gozar de
la presencia divina. Los evangélicos
insisten en que la palabra «Purgatorio» es
una pura invención de los católicos y que ni
siquiera este nombre se halla en la Biblia.
Nosotros argumentamos que tampoco está en la
Biblia la palabra «Encarnación» y, sin
embargo, todos creemos en ella. Tampoco está
la palabra «Trinidad» y todos, católicos y
evangélicos, creemos en este misterio. Por
tanto, su argumentación no prueba nada.
En definitiva, el porqué de esta diferencia
es muy sencillo. Ellos sólo admiten la
Biblia, en cambio para nosotros, los
católicos, la Biblia no es la única fuente
de revelación. Nosotros tenemos la Biblia y
la Tradición. Es decir, si una verdad se ha
creído en forma sostenida e ininterrumpida
desde Jesucristo hasta nuestros días es que
es dogma de fe y porque el Pueblo de Dios en
su totalidad no puede equivocarse en materia
de fe porque el Señor ha comprometido su
asistencia. Es el mismo caso de la Asunción
de la Virgen a los cielos, que si bien no
está en la Biblia, la Tradición cristiana la
ha creído y celebrado desde los primeros
tiempos, por lo que se convierte en un dogma
de fe. Además esto lo ha reafirmado la
doctrina del Magisterio durante los dos mil
de fe de la Iglesia Católica.
La Tradición de la Iglesia Católica
La Tradición constante de la Iglesia, que se
remonta a los primeros años del
cristianismo, confirma la fe en el
Purgatorio y la conveniencia de orar por
nuestros difuntos. San Agustín, por ejemplo,
decía: «Una lágrima se evapora, una rosa se
marchita, sólo la oración llega hasta Dios».
Además, el mismo Jesús dice que «aquel que
peca contra el Espíritu Santo, no alcanzará
el perdón de su pecado ni en este mundo ni
en el otro» (Mt. 12, 32). Eso revela
claramente que alguna expiación del pecado
tiene que haber después de la muerte y eso
es lo que llamamos el Purgatorio. En
consecuencia, después de la muerte hay
Purgatorio y hay purificación de los pecados
veniales.
El Apóstol Pablo dice, además, que en el día
del juicio la obra de cada hombre será
probada. Esta prueba ocurrirá después de la
muerte: «El fuego probará la obra de cada
cual. Si su obra resiste al fuego, será
premiado, pero si esta obra se convierte en
cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se
salvará pero como quien pasa por el fuego»
(1 Cor. 3, 15). La frase: «tendrá que pagar»
no se puede referir a la condena del
Infierno, ya que de ahí nadie puede salir.
Tampoco puede significar el Cielo, ya que
allá no hay ningún sufrimiento. Sólo la
doctrina y la creencia en el Purgatorio
explican y aclaran este pasaje. Pero,
además, en la Biblia se demuestra que ya en
el Antiguo Testamento, Israel oró por los
difuntos. Así lo explica el Libro II de los
Macabeos (12, 42-46), donde se dice que
Judas Macabeo, después del combate oró por
los combatientes muertos en la batalla para
que fueran liberados de sus pecados. Dice
así: «Y rezaron al Señor para que perdonara
totalmente de sus pecados a los compañeros
muertos». Y también en 2 Timoteo 1, 1-18,
San Pablo dice refiriéndose a Onesíforo: «El
Señor le conceda que alcance misericordia en
aquel día».
Resumiendo, entonces, digamos que con
nuestras oraciones podemos ayudar a los que
están en el Purgatorio para que pronto
puedan verse libres de sus sufrimiento y ver
a Dios.
No obstante, como que en la práctica, cuando
muere una persona, no sabemos si se salva o
se condena, debemos orar siempre por los
difuntos, porque podrían necesitar de
nuestra oración. Y si ellos no la necesitan,
le servirá a otras personas, ya que en
virtud de la Comunión de los Santos existe
una comunicación de bienes espirituales
entre vivos y difuntos. Esto explica aquella
costumbre popular de orar «por el alma más
necesitada del Purgatorio».
Las catacumbas
En las catacumbas o cementerios de los
primeros cristianos, hay aún esculpidas
muchas oraciones primitivas, lo que
demuestra que los cristianos de los primeros
siglos ya oraban por sus muertos. Del siglo
II es esta inscripción: «Oh Señor, que estás
sentado a la derecha del Padre, recibe el
alma de Nectario, Alejandro y Pompeyo y
proporciónales algún alivio». Tertuliano
(año 160-222) dice: «Cada día hacemos
oblaciones por los difuntos». San Juan
Crisóstomo (344-407) dice: «No en vano los
Apóstoles introdujeron la conmemoración de
los difuntos en la celebración de los
sagrados misterios. Sabían ellos que esas
almas obtendrían de esta fiesta gran
provecho y gran utilidad» (Homilía a Filipo,
Nro. 4).
Amigos y hermanos míos, creo que les quedará
bien claro este punto tan importante de
nuestra fe. Quien se profese católico no
sólo puede sino que debe orar por sus
difuntos
Y
aquí cabe una pregunta: ¿Cómo queremos que
nos recuerden nuestros amigos y familiares
cuando nos muramos, con o sin oración?
Por lo menos entre los católicos, todos
dirán que su deseo es que oren por ellos y
que se les recuerde con la Santa Misa,
porque aunque un católico muera con todos
los sacramentos, siempre puede quedar en su
alma alguna mancha de pecado y por eso
conviene orar por ellos. Este es el sentir
de la Iglesia Católica desde sus comienzos.
En lo que se refiere al Purgatorio hay que
agregar que no es como una segunda
oportunidad para que la persona establezca
una recta relación con Dios. La conversión y
el arrepentimiento deben darse en esta vida.
Los católicos, pues, no nos contentamos
solamente con cantar alabanzas y glorificar
a Dios, sino que elevamos plegarias a Dios y
a la Santísima Virgen por nuestros difuntos
y con más razón en los días inmediatos a su
muerte.
La oración por los difuntos
Los primeros misioneros que evangelizaron
América introdujeron la costumbre, que aún
perdura en algunos lugares, de reunirse y
hacer un velorio que se prolonga por una
semana o nueve días. Se reza aún una Novena
en la que los familiares se congregan para
acompañar a los deudos y ofrecen a Dios
oraciones por el difunto. También la
Iglesia, desde tiempo inmemorial, introdujo
la costumbre de celebrar el día 2 de
Noviembre dedicado a los difuntos, día en el
que los católicos vamos a los cementerios y,
junto con llevar flores, elevamos una
oración por nuestros seres queridos.
Los evangélicos, por lo general, sólo alaban
a Dios por los favores que Dios le concedió
al difunto. Pocas son las sectas que oran
por ellos. En materia doctrinal, hay mucha
variedad entre una secta y otra, ya que,
como interpretan la Biblia según su libre
albedrío, cada iglesia y cada persona tienen
su propio criterio.
En cambio, entre los católicos sabemos que
cualquier texto de la Escritura no debe ser
objeto de interpretación personal, sino que
la Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo,
nos revela a través de sus pastores el
verdadero sentido de cada texto. Y en este
sentido, el Papa es el garante la verdad
revelada, es decir, del depósito de la Fe.
Así, el Papa nos confirma en que nuestra Fe
es la misma de los primeros cristianos, y la
misma que perdurará hasta el fin de los
tiempos.
Digamos, para terminar, que los católicos no
sólo podemos orar por los difuntos, sino que
éste es un deber cristiano que obliga,
especialmente, a los familiares y a los
amigos más cercanos.
Orar por los vivos y por los difuntos es una
obra de misericordia. De la misma manera que
ayudaríamos en vida a sus cuerpos enfermos,
así, después de muertos, debemos apiadarnos
de ellos rezando por el descanso eterno de
sus almas.
Ente los católicos la tradición es orar por
los difuntos y en lo posible celebrar la
Santa Misa por su eterno descanso.
Dice la Liturgia: "dales, Señor, el descanso
eterno y brille para ellos la luz eterna"
Y
san Agustín dijo:"Una lágrima se evapora,
una flor se marchita, sólo la oración llega
al trono de Dios".
Cuestionario:
¿Cuál es la respuesta protestante al
respecto? ¿Cuál es la respuesta católica?
¿Qué acontece después de la muerte del ser
humano? ¿Hay Purgatorio? ¿Que sostiene la
Tradición de la Iglesia Católica? ¿Qué
frases, al respecto, hay escritas en las
catacumbas junto a los sepulcros
martiriales? ¿Qué día la Iglesia dedica a
orar de forma especial por los difuntos?
Respuestas Cristianas, por Rod Tello:
Es bíblico
orar por un difunto?, que dice la Iglesia
Católica?, que acontece después de la muerte
del ser humano?
Puedes acceder a las respuestas de estas
preguntas del siguiente link donde ya habían
sido explicadas claramente en base a la
Biblia
Leer Tema
No quisiera pensar que el
propósito principal de la Iglesia Católica
al realizar misas a los difuntos sea el de
sacar un poco mas de dinero ya que por cada
Misa que se ofrezca se cobra una cantidad,
esto sin contar las ofrendas que sean
levantadas ese día de la Misa, pero eso
sería como jugar con el dolor de las
personas que le sobreviven al difunto,
aveces las personas en nuestro afán de
ayudar y de aliviar un poco nuestras
conciencias hacemos cosas que la palabra de
Dios no ordena y el que nosotros o nuestros
antepasados las hayan hecho igual no
significa que sean agradables a Dios ni se
deberían considerar como Ley de Dios, ahora
recuerdo que en la palabra de Dios Jesús
invitando a una persona a seguirle, este le
responde "Si te te seguiré solo permiteme
enterrar a mi difunto" y Jesús le respondió
"Dejad que los muertos entierren a sus
muertos"
AHORA LES
TRAIGO UNA BUENA NUEVA, CRISTIANAMENTE SI
PUEDES ORAR POR TUS MUERTOS!
Sí
por supuesto que se debe orar por nuestros
muertos hoy mismo, te animo a que lo hagas!,
Quienes son nuestros muertos? voltea ahorita
mismo a tu alrededor y mira a tu compañero
de al lado, mira a tu familiar, a tu
hermano, hermana, hijos, padres, tienen
ellos a Cristo en sus corazones? porque si
no es asi entonces están muertos, ahora
mismo en el tiempo de Dios se estan
dirigiendo hacia el
infierno eterno, por favor, abre tus
ojos y verás que hoy tu puedes hacer la
diferencia empezando a orar por tus
familiares y amigos, luego hablales la
palabra de vida con mucha fé y espera a que
Dios los resucite de su estado de
corrupción, si compartes con alguien el
mensaje de salvación no esperes que lo
reciba de inmediato pero si te insulta o te
dice que estas loco vuelve a darle el
mensaje en otro momento, no te laves las
manos ni mucho menos sacudas el polvo de tus
pies sobre de ellos pensando que ya haz
hecho tu trabajo porque entonces solo los
habrás condenado mas por haberles dado el
mensaje y ellos haberlos rechazado, se
paciente, ora, ayuna y clama a Dios por esas
personas y El te responderá.
UN SECRETO
REVELADO PARA LA SALVACIÓN DE UN FAMILIAR
QUE PENSABAS QUE MURIÓ SIN CRISTO
Estas triste porque un
familiar tuyo murió sin Cristo?, aquí te
revelaré un Gran Secreto atraves del cual
podrás aún ayudar a tu familiar, no es mi
intención confundir a alguien haciéndole
creer que es bueno hacer misas a los
difuntos cuando no es asi, los rezos
católicos para empezar no moverán ni un dedo
de Dios a favor de alguien, el orar o hablar
con Dios desde tu corazón si y mas aun si
tienes a Cristo en tu corazón porque el
Espíritu Santo puede respaldar tu oración,
Jesús nos enseño a orar y la Iglesia
Católica enseña a rezar (ver
diferencia entre rezos y oraciones),
pues bien les contaré mi caso.
Antes que el Señor Jesus me
alcanzara y que yo supiera quien era El,
tenia a mi abuelita madre de mi madre la
cual padecía diabetes y despues se quedó
ciega, ella era una buena mujer amorosa de
Dios, al principio Católica, luego recibió
en su casa a los Mormones que se hacen
llamar de la Iglesia de los Santos de los
ultimos dias, y ellos le compartían de Dios
a mi abuelita, ella los trataba con mucho
respeto e hicieron que se volviera a
bautizar en su iglesia y tambien a toda su
familia, me refiero a mi tíos, yo era un
niño en ese entonces, lo único que supe
después fué que mi abuelita corrió a los
Mormones de su casa porque se dió cuenta que
lo único que les interesaba mas era el
dinero y estaban muy insistentes en que mi
abuela hiciera valuar su casa y todas sus
pertenencias para que donara el 10% del
costo de sus propiedades a esa Iglesia,
luego mi abuela volvió a sus oraciones a las
estatuas e imagenes de San Judas hasta que
una noche la sorprendió la muerte. En aquel
tiempo yo no asimilé mucho lo del
fallecimiento de mi abuela y no lloré ni una
lágrima, luego despues de conocer del Señor
Jesucristo y de saber que todo aquel que
moría sin El estaba condenado al castigo
Eterno, pensé que era muy injusto que una
mujer tan buena como mi abuela estuviera
condenada cuando ella en su ignorancia pero
amaba a Dios y lo buscaba, pero la palabra
de Dios es muy clara y dice "El que tiene al
Hijo tiene la Vida" y cuando dice "Hay un
solo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre", "Yo soy la Luz del
Mundo, el que me sigue no andará en
tinieblas sino que tendrá la luz de la
Vida", de tal forma que si en vez de Jesús
estas poniendo tu fé en otra cosa entonces
puedes estar seguro que estas en tinieblas y
esas mismas tinieblas no te dejan ver la luz
de la verdad.
Qué
fué lo que hice? lloré y lloré y lloré mucho
como 2 años despues de que mi abuela habia
fallecido, lloré con dolor en el alma y
entonces me acordé que para Dios no existen
los tiempos porque el es el Alfa y la Omega,
el Principio y el Fin, los tiempos son para
nosotros los humanos y supe en mi corazón
que podía hace una oración muy especial, una
oración que traspasara los mismos tiempos,
la oración no tiene barreras cuando tienes a
Cristo en tu corazón y la haces con el
corazón y el alma desgarrada y pedí a Dios
que viera a mi abuelita unos momentos antes
de fallecer, ahi podia ver yo mismo a mi
abue recostada sobre su cama y le pedí a mi
Dios que tuviera misericordia de ella y que
la hiciera arrepentirse de sus pecados y
encomendarse a Cristo Jesus solamente para
que fuera salva, le dije porque yo se bien
que para el no hay ningún imposible y se
tambien que mientras estemos vivos hay
esperanza de vida eterna asi que no pedí a
mi Dios que sacara a mi abuela del infierno
sino que la salvara cuando aún estaba viva,
hice esta oración con mucha fé una sola vez,
y tuve Paz en mi corazón y me sentí bien,
luego creí que ella estaba bien en un lugar
muy bonito con mi Dios. Dime que es lo que
crees tu? porque Jesus dijo que al que cree
todas las cosas le son posibles, pero para
mi Dios no tiene límites mas los que mi
mente pequeña le pone. Dios los bendiga.
Existe el
Purgatorio?
La
respuesta a este tema ya había sido dada
ampliamente
Leer Tema
LEAMOS UN POCO DE HISTORIA MEXICANA ACERCA
DE LOS
ORIGENES DEL DIA DE LOS MUERTOS EN MÉXICO
La muerte es el destino inexorable de
toda vida humana y es natural que nos
asuste y angustie su realidad, sobre
todo cuando vemos de cerca el peligro de
morir o cuando afecta a nuestros seres
queridos.
Este resumen dedicado a la celebración
del Día de Muertos tiene el propósito de
acercar a niños y adultos con la idea de
la muerte, para que la vayan aceptando
como parte inevitable de la vida humana,
conocer cómo algunas culturas antiguas
también hacían ritos sobre la muerte; y
fortalecer el carácter desde el punto de
vista religioso.
Además, espero pueda ayudar a entender
mejor la sensibilidad mexicana, nuestra
manera tan particular entender y dar
sentido a la celebración del Día de
Muertos.
Más que el hecho de morir, importa más
lo que sigue al morir. Ese otro mundo
sobre el que hacemos representaciones,
costumbres y tradiciones que se
convierten en culturas, todas de igual
importancia, pues ante el camino
desconocido que la muerte nos señala,
sólo es posible imaginarla con símbolos.
EL CULTO A LOS MUERTOS EN OTRAS CULTURAS
En las culturas antiguas como la China y
Egipcia el culto a los muertos es un
símbolo de unidad familiar. Les rendían
culto construyendo templos y pirámides.
En la cultura China por ejemplo, en los
aniversarios, se quemaba incienso, se
encendían candelas y colocaban ofrendas
de alimentos sobre un altar. Eran los
días en los que se recordaba las grandes
deudas que se tenían con los
antepasados.
Los antiguos egipcios creían que el
individuo tenía dos espíritus. Cuando
fallece, uno va al más allá y el segundo
queda vagando en el espacio, por lo que
tiene necesidad de comer. Consideraban
que este espíritu vivía en el cuerpo que
ellos cuidadosamente habían embalsamado,
de esta manera el espíritu podía seguir
existiendo. Este espíritu era quien
recibía las ofrendas.
LOS AZTECAS Y EL CULTO A LA MUERTE
La fiesta de muertos está vinculada con
el calendario agrícola prehispánico,
porque es la única fiesta que se
celebraba cuando iniciaba la recolección
o cosecha. Es decir, es el primer gran
banquete después de la temporada de
escasez de los meses anteriores y que se
compartía hasta con los muertos.
En la cultura Náhuatl se consideraba que
el destino del hombre era perecer. Este
concepto se detecta en los escritos que
sobre esa época se tienen. Por ejemplo,
existe un poema del rey y poeta
Netzahualcóyotl (1391-1472): Somos
mortales / todos habremos de irnos, /
todos habremos de morir en la tierra...
/ Como una pintura, / todos iremos
borrando. / Como una flor, / nos iremos
secando / aquí sobre la tierra... /
Meditadlo, señores águilas y tigres, /
aunque fuerais de jade, / aunque fuerais
de oro, / también allá iréis / al lugar
de los descansos. / Tendremos que
despertar, / nadie habrá de quedar.

Este sentimiento de la representación
del destino se debe entender en el
sentido de que el pueblo azteca se
concebían como soldados del Sol, cuyos
ritos contribuían a fortalecer al Sol-Tonatiuh
en su combate divino contra las
estrellas, símbolos del mal y de la
noche o de la oscuridad. Los aztecas
ofrecían sacrificios a sus dioses y, en
justa retribución, éstos derramaban
sobre la humanidad la luz o el día y la
lluvia para hacer crecer la vida.
El culto a la muerte es uno de los
elementos básicos de la religión de los
antiguos mexicanos. Creían que la muerte
y la vida constituyen una unidad. Para
los pueblos prehispánicos la muerte no
es el fin de la existencia, es un camino
de transición hacia algo mejor.
Esto salta a la vista en los símbolos
que encontramos en su arquitectura,
escultura y cerámicas, así como en los
cantos poéticos donde se evidencia el
dolor y la angustia que provoca el paso
a la muerte, al Mictlán, lugar de los
muertos o descarnados que esperan como
destino más benigno los paraísos del
Tlalocan.

[Atado de Caña] |

[Mictlantecuhtli]
|

[Momia prehispánica]
|
|
Los
aztecas dividían el tiempo en
siglos de 52 años. Al final de
cada ciclo, celebraban una
ceremonia llamada "la atadura de
los años". En la escultura, cada
ciclo está representado por un
"atado de cañas". Este atado
esculpido en piedra simboliza el
fin de un cliclo azteca.
|
Mictlantecuhtli era el dios de
los muertos. Los que morían de
muerte natural iban al "Mictlan"
|
Los
habitantes de mesoamérica creían
que después de morir,
continuarían viviendo en otro
modo. los muertos eran
enterrados con toda case de
objetos que pudieran serles útil
en su viaje al Mictlan.
|
[Representación del "Tlalocan" o el paraíso]
El sacrificio de muerte no es un
propósito personal; la muerte se
justifica en el bien colectivo, la
continuidad de la creación; importa la
salud del mundo y no entraña la
salvación individual. Los muertos
desaparecen para volver al mundo de las
sombras, para fundirse al aire, al fuego
y a la tierra; regresa a la esencia que
anima el universo.
Los sacrificios humanos se consideran
como el tributo que los pueblos
vencedores pagaban a sus dioses, y ellos
a su vez alimentaban la vida del
universo y a su sociedad.
Por otro lado, cuando alguien moría,
organizaban fiestas para ayudar al
espíritu en su camino. Como en la
antigua cultura egipcia, los antiguos
mexicanos enterraban a sus muertos
envueltos en un "petate", les ponían
comida para cuando sintieran hambre, ya
que su viaje por el Chignahuapan (del
náhuatl: nueva apan, en el río; o "sobre
los nueve ríos"), parecido al
purgatorio, era muy difícil de transitar
porque encontrarían lugares fríos y
calurosos.
LA CELEBRACION EN LA ACTUALIDAD
Esta celebración conserva mucha de la
influencia prehispánica del culto a los
muertos, las encontramos en Tláhuac,
Xochimilco y Mixquic, lugares cercanos a
la ciudad de México. En el estado de
Michoacán las ceremonias más importantes
son las de los indios purépechas del
famoso lago de Pátzcuaro, especialmente
en la isla de Janitzio. Igualmente
importantes son las ceremonias que se
hacen en poblados del Istmo de
Tehuantepec, Oaxaca y en Cuetzalán,
Puebla.
Sobre sus altares encienden velas de
cera, queman incienso en bracerillos de
barro cocido, colocan imágenes
cristianas: un crucifijo y la virgen de
Guadalupe. Ponen retratos de sus seres
fallecidos. En platos de barro cocido se
colocan los alimentos, estos son
productos que generalmente ahí se
consumen, platillos propios de la
región. Bebidas embriagantes o vasos con
agua, jugos de frutas, panes de muerto,
adornados con azúcar roja que simula la
sangre. Galletas, frutas de horno y
dulces hechos con calabaza.
SENTIDO MEXICANO DE LA MUERTE
En el México contemporáneo tenemos un
sentimiento especial ante el fenómeno
natural que es la muerte y el dolor que
nos produce. La muerte es como un espejo
que refleja la forma en que hemos vivido
y nuestro arrepentimiento. Cuando la
muerte llega, nos ilumina la vida. Si
nuestra muerte carece de sentido,
tampoco lo tuvo la vida, "dime como
mueres y te diré como eres".
Haciendo una confrontación de los cultos
prehispánicos y la religión cristiana,
se sostiene que la muerte no es el fin
natural de la vida, sino fase de un
ciclo infinito. Vida, muerte y
resurrección son los estadios del
proceso que nos enseña la religión
Cristiana. De acuerdo con el concepto
prehispánico de la muerte, el sacrificio
de la muerte -el acto de morir- es el
acceder al proceso creador que da la
vida. El cuerpo muere y el espíritu es
entregado a Dios (a los dioses) como la
deuda contraída por habernos dado la
vida.
Pero el cristianismo modifica el
sacrificio de la muerte. La muerte y la
salvación se vuelven personales, para
los cristianos el individuo es el que
cuenta.
Las creencias vuelven a unirse en cuanto
que la vida sólo se justifica y
trasciende cuando se realiza en la
muerte.
La creencia de la muerte es el fin
inevitable de un proceso natural. Lo
vemos todos los días, las flores nacen y
después mueren. Los animales nacen y
después mueren. Nosotros nacemos,
crecemos, nos reproducimos en nuestros
hijos, después nos hacemos viejos y
morimos. A menudo en un accidente
perdemos a nuestros seres queridos, un
amigo, un hijo o un hermano.
Es un hecho que la muerte existe, pero
nadie piensa en su propia muerte. En las
culturas contemporáneas la "muerte" es
una palabra que no se pronuncia. Los
mexicanos tampoco pensamos en nuestra
propia muerte, pero no le tenemos miedo
porque la fe religiosa nos da la fuerza
para reconocerla y porque quizas también
somos un poco indiferentes a la vida,
supongo que así es como nos
justificamos.
El desprecio, el miedo y el dolor que
sienten hacia la muerte se unen al
culto que le profesan. Es decir, que
la muerte puede ser
una venganza a la vida,
porque
nos libera de aquellas vanidades con
las que vivimos y nos
convierte, al final, a todos por igual
en lo que somos, un montón de huesos.
Entonces la muerte se vuelve jocosa e
irónica, la llamamos "calaca",
"huesuda", "dentona", la "flaca", la
"parca". Al hecho de morir de damos
definiciones como "petatearse", "estirar
la pata", "pelarse" morirse. Estas
expresiones son permiten jugar y en tono
de burla hacer refranes y versos.
En los juegos está presente con las
calaveritas de azúcar o recortes de
papel, esqueletos coloridos, piñatas de
esqueletos, títeres de esqueletos y
cuando hacemos dibujos en caricaturas o
historietas.